Categoría: Análisis FINVE / Opinión
Subtítulo: Cuando el banco dejó de prestar, varias startups venezolanas encontraron en la Bolsa de Valores de Caracas algo que ya casi nadie ofrecía: dinero para crecer. Esta es la lectura de Finve sobre por qué eso importa, qué empresas lo hicieron y qué debería mirar el inversionista antes de emocionarse.
Hay una pregunta que muchos venezolanos se hicieron en silencio durante los peores años: ¿cómo se construye una empresa cuando no hay crédito? Cuando el país llevaba casi una década viendo cómo su economía se encogía, cuando pedir un préstamo era casi un trámite imposible, levantar capital para emprender parecía una contradicción. Y sin embargo, ahí estaban, naciendo, creciendo, llenándose de usuarios. La pregunta no era retórica: tenía respuesta. Y buena parte de esa respuesta pasó por un lugar que la mayoría del país todavía no termina de entender: la Bolsa de Valores de Caracas.
El vacío que dejó el crédito
Para entender por qué la bolsa se volvió tan importante, primero hay que entender qué desapareció. Desde finales de 2013, y con fuerza a partir de 2014, la economía venezolana entró en una contracción profunda que se prolongó hasta 2020. En total, el país perdió entre un 75% y un 80% del tamaño de su economía. No fue la caída de un año: fue casi una década de destrucción acumulada. Y junto con la economía se fue algo todavía más concreto para quien quiere emprender: el crédito.
Entre 2019 y 2021, el encaje legal —la porción de los depósitos que los bancos están obligados a mantener inmovilizada en el Banco Central— alcanzó niveles históricos. El encaje ordinario llegó a tocar el 93% en 2020 y se mantuvo cerca del 85% durante 2021, mientras el encaje marginal llegó al 100%. Dicho en simple: por cada bolívar depositado, casi todo quedaba congelado y casi nada podía prestarse. El crédito bancario, sencillamente, se apagó.
Si un banco no puede prestar, una empresa que necesita capital para crecer se queda sin su fuente más obvia de financiamiento. En una economía sin crédito y con riesgo alto, levantar capital deja de ser difícil y empieza a parecer imposible.
Aquí es donde la historia se vuelve interesante. Porque ese vacío no se quedó vacío.
La bolsa como tabla de salvación (y de oportunidad)
Cuando el préstamo bancario se cierra, queda otra puerta: el mercado de capitales. En lugar de pedirle dinero a un banco, una empresa puede emitir instrumentos financieros y captar capital directamente de inversionistas. Eso es, en esencia, lo que ofrece la bolsa de Caracas.
Lo notable del caso venezolano es que varias startups —empresas jóvenes, de tecnología, con modelos de negocio modernos— terminaron usando la bolsa no como un destino lejano de empresas gigantes, sino como su herramienta real de financiamiento. No por moda, sino por necesidad. El crédito no estaba; la bolsa sí.
Vale la pena mirar los casos uno por uno, porque cada uno resolvió un problema distinto del país.
Cashea: del “compra ahora, paga después” hacia algo más grande
Cashea es probablemente el ejemplo más visible de todos. Una plataforma de pagos que hoy mucha gente usa a diario, que mueve un volumen enorme de transacciones y que se convirtió en una pieza reconocible de la economía digital venezolana. Pero aquí conviene detenerse en un detalle técnico que muchos pasan por alto, porque explica de verdad cómo se financia.
Cashea no salió a la bolsa a emitir acciones ni papeles comerciales tradicionales. Lo que hace es factoring: vende por adelantado las cuentas por cobrar de sus comercios aliados —es decir, el dinero que sus clientes pagarán en cuotas más adelante— para obtener liquidez inmediata. Lo hace a través de los Certificados de Financiamiento Bursátil (CFB), dentro del Mercado de Otros Bienes de la bolsa de Caracas.
Dicho simple: en lugar de esperar a que cada usuario termine de pagar su compra en cuotas, Cashea convierte hoy esas promesas de pago futuro en efectivo, vendiéndolas en la bolsa. Y ese flujo ha sido tan grande que, en sus meses pico, las operaciones de Cashea han llegado a representar hasta el 45% del volumen total negociado en la bolsa de Caracas.
El tamaño del fenómeno se entiende mejor con dos cifras. Por un lado, Cashea movería entre 250 y 300 millones de dólares mensuales en transacciones, lo que anualizado supera los 3.000 millones. Por otro, distintos analistas estiman que ese volumen equivale a cerca del 3,5% del PIB venezolano.
Un 3,5% del PIB para una sola fintech suena enorme —y lo es—, pero la matemática tiene sentido precisamente por todo lo anterior: cuando la economía de un país se contrae hasta quedar en un rango estimado de 80.000 a 100.000 millones de dólares, una empresa que mueve miles de millones al año pesa muchísimo. La cifra no habla solo del éxito de Cashea; también habla de cuánto se encogió el país a su alrededor.
Nuestra lectura es que el modelo de Cashea apenas está en una etapa temprana. Y esta es, además, una opinión que vale la pena identificar como tal: en la visión de César Augusto, Cashea podría estar caminando hacia convertirse en algo más parecido a un neobanco —pasando del “paga después” hacia el crédito y los servicios financieros completos, bancarizando a una población históricamente desatendida. Es una hipótesis editorial de la casa, no un hecho confirmado, y como tal debe leerse.
Yummy y Ridery: cuando los bolívares se vuelven materia prima
Yummy nació como una aplicación de comida —en la línea de un Rappi o un Pedidos Ya— y fue creciendo hasta sumar movilidad con Yummy Rides: moto-taxi, taxi y más. Apareció justo después de la pandemia, cuando el país estaba encerrado y había una necesidad concreta que cubrir. Resolvió ese problema, generó empleo, comisiones y movimiento, y creció a un ritmo acelerado.
Lo interesante desde el punto de vista del mercado es que Yummy también captó capital dentro de la bolsa de Caracas, emitiendo deuda en bolívares para fonear su capital de trabajo. Y aquí hay un matiz que pocas veces se explica: en ciertos esquemas, el bolívar funciona casi como una materia prima financiera. No es solo “la moneda que se devalúa”; para determinados financiamientos, captar bolívares tiene un uso específico y un valor propio.
Su competidor directo, Ridery, juega con un modelo parecido y ha recurrido al mercado bursátil de forma recurrente. Emite papeles comerciales —tanto en bolívares indexados como en dólares autorizados por la Sunaval— en tramos que van desde un millón hasta varios millones de dólares, para financiar su flota y su tecnología. Un papel comercial es, en el fondo, deuda de corto plazo: la empresa toma dinero prestado del mercado y se compromete a devolverlo con intereses en un plazo determinado.
La competencia entre Yummy, Ridery y los jugadores tradicionales de delivery no es solo una pelea de empresas: para el consumidor, significa más opciones. Y para el mercado, significa que estas compañías están dispuestas a volver a la bolsa una y otra vez para financiar ese crecimiento.
Suplymos: resolver el país que no se ve desde Caracas
Caracas es, muchas veces, una burbuja. El resto del país vive realidades distintas, y una de ellas es la conectividad. Suplymos captó inversión bursátil —con el Grupo Fivenca tomando una participación accionaria en diciembre de 2022, en lo que se volvió un caso emblema de capital de riesgo (venture capital) dentro de la BVC— para atacar un problema concreto: los puntos de venta en zonas rurales o del interior, donde la infraestructura no llegaba con la misma facilidad.
El patrón se repite. Cada una de estas startups no fue a la bolsa simplemente “a buscar plata”: fue a financiar una solución para un problema real venezolano. En el caso de Suplymos, llevar pagos electrónicos a donde antes no llegaban.
Cuota: el spread como modelo de negocio
Cuota cierra esta historia con uno de los modelos más finos de entender. Se parece, en espíritu, a las fintech de crédito que existen en mercados como México, donde una empresa le presta a personas que el banco tradicional no atiende —por falta de historial crediticio o de bancarización— cobrando una tasa algo más alta.
La vuelta de tuerca de Cuota es a quién se conecta: a las empresas. Las compañías se afilian y comparten la nómina, de modo que Cuota puede estimar la capacidad de crédito de cada empleado según lo que gana. Quien gana más, accede a más; quien gana menos, a menos. Para el trabajador es acceso a crédito que el banco no suele dar con tanta facilidad; para la empresa, es un beneficio que ofrecer sin descapitalizarse.
Y el modelo financiero detrás es lo que lo hace atractivo. Cuota presta a una tasa cercana al 17% anual mientras se financia emitiendo papeles comerciales a una tasa cercana al 12%. Esa diferencia de unos cinco puntos —el spread, la brecha entre lo que cobra y lo que paga— es, en buena medida, su ganancia. Es una mecánica clásica y conocida en otros mercados, aplicada aquí con una particularidad local: el foco en las empresas como puerta de entrada.
Qué debería mirar el inversionista natural ahora
Esta historia es entusiasmante, y por eso mismo conviene bajar a tierra. Si algo de todo esto despierta interés, hay preguntas que vale la pena hacerse antes de cualquier decisión:
- Qué instrumento se está emitiendo. No es lo mismo una acción que un papel comercial o un certificado de financiamiento. Uno te hace dueño de una porción de la empresa; los otros son formas de deuda con plazo y tasa. Los riesgos y los derechos son distintos.
- Para qué se levanta el capital. Una emisión que financia crecimiento real no es igual a una que tapa un hueco. El uso de los fondos dice mucho.
- Cómo es la liquidez de ese instrumento. En un mercado con baja liquidez relativa, entrar puede ser más fácil que salir. Conviene saber si podrás vender cuando quieras y a qué precio.
- Qué hay detrás del modelo de negocio. El crecimiento acelerado emociona, pero las preguntas aburridas —márgenes, sostenibilidad, competencia— son las que protegen el patrimonio.
- Qué tan validada está la información. Volúmenes, valoraciones y montos de emisión deben venir de fuentes verificables, no del entusiasmo de mercado.
Desde Finve, el inversionista puede complementar este tipo de análisis revisando datos, emisiones y comportamiento del mercado con más contexto —no para que la plataforma decida por él, sino para ayudarlo a separar el ruido de la realidad.
Matices y riesgos
Conviene decirlo con todas sus letras: que la bolsa de Caracas se haya convertido en fuente de capital para startups es una señal positiva, pero no es una garantía de nada. Que una empresa logre emitir y crecer no significa que cada emisión sea una buena inversión, ni que cada startup vaya a consolidarse. Muchas startups, en cualquier mercado del mundo, no llegan a la madurez.
El contexto venezolano acompaña esta historia —un mercado naciente, con apetito por nuevas formas de financiamiento—, pero no reemplaza el análisis empresa por empresa. La pregunta nunca es “¿está creciendo el ecosistema?”, sino “¿esta empresa, con estos números, a este precio, tiene sentido para mi perfil?”. Y esa pregunta solo se responde con datos y criterio, no con euforia.
Cierre editorial
Durante años, la historia económica de Venezuela fue una historia de cosas que desaparecían: el crédito, la inversión, la confianza. Lo que estas startups muestran es una historia distinta, y menos contada: la de algo que apareció. Cuando el banco dejó de prestar, la bolsa de Caracas se volvió el lugar donde el capital todavía era posible.
Eso no convierte a la bolsa en una máquina de oportunidades garantizadas. La convierte en algo más interesante y más serio: una pieza real de la recuperación económica del país, que probablemente seguirá dando de qué hablar en el corto, el mediano y el largo plazo. El inversionista natural que entienda esto temprano no necesita apurarse. Necesita mirar mejor.
Porque en bolsa, como en la economía de un país, el entusiasmo se siente en un día; el valor real se demuestra con resultados.
Nota editorial: Este contenido tiene fines informativos y educativos. No constituye una recomendación personalizada de inversión ni una oferta de compra o venta de valores. Cada inversionista debe evaluar su perfil de riesgo, revisar la información financiera disponible y consultar con asesores autorizados antes de tomar decisiones de inversión.