La menor brecha cambiaria en 2 años: cómo entenderla comercialmente
La brecha entre el tipo de cambio no oficial y el oficial se ubica hoy en sus niveles más bajos en dos años. Es una compresión que coincide con una menor demanda de dólares, en un contexto donde buena parte de la actividad comercial se mantiene pausada o detenida tras los eventos sísmicos del 24 de junio.
Apenas hace dos ediciones abordamos las complejidades de una nueva aceleración de la brecha cambiaria. Hoy, el mercado cambiario venezolano transita por un escenario distinto, pero igual de importante: una brecha baja que obliga a revisar cómo se manejan precios, costos, caja e inventario.
A esta menor demanda se suma una noticia relevante del lado de la oferta. En medio de la tragedia, llegaron al país las primeras remesas de dólares en efectivo, y se espera que en las próximas semanas empiece a aumentar gradualmente su venta a personas naturales y jurídicas a través del sistema bancario.
Esta entrada de efectivo podría contribuir a mantener la brecha en niveles bajos, aunque su efecto definitivo dependerá, en última instancia, de la capacidad fiscal del gobierno, que sigue siendo el principal problema de fondo.
Una vez el gobierno paga la nómina pública de 3,3 millones de personas y 6,1 millones de pensionados y jubilados, la presión cambiaria tiende a subir, porque ese pago implica un aumento de liquidez que se traduce en mayor demanda de dólares.
Nuestro escenario base contempla que la brecha se mantenga en un rango cercano al 20% en los próximos meses: por encima del mínimo reciente, pero por debajo de los picos observados durante el último año.
Hay riesgos que no son del todo planificables. La velocidad con la que llegue la cooperación humanitaria, la inversión privada y el financiamiento multilateral podría compensar parte del incremento del gasto público que previsiblemente hará el gobierno para contrarrestar los efectos del terremoto.
Una práctica que por ahora no funcionará
Cuando la brecha está por debajo del 15%, los negocios no deberían seguir cobrando la tasa euro del BCV. Como el euro suele estar aproximadamente 15% por encima del valor del dólar, esa referencia termina siendo más cara que el propio dólar en el mercado nacional.
Esa práctica ya no es aconsejable y falla por dos lados.
Primero, en los costos: implica un mayor peso en la nómina cuando se paga a tasa euro.
Segundo, en los ingresos: el cliente percibe como desleal que no se le avise que el valor de referencia se está cobrando en bolívares a la tasa euro equivalente. Es un sobreprecio silencioso que erosiona la confianza.
Lo que no podemos dejar de hacer
Algunas estrategias de gestión de brecha no cambian, independientemente del nivel en que esta se ubique.
La primera es revisar constantemente cómo varía la estructura de costos estimada frente al valor del dólar de mercado, sea paralelo o no oficial, y no solo frente al oficial.
La segunda es ajustar los precios en dólares a la baja si la brecha se reduce o elimina de forma sostenida por debajo del 15%.
Ese escenario implicaría desafíos estructurales. El gobierno enfrenta un reto fiscal considerable por la atención de la crisis del terremoto y la presión de caja que arrastra. Pero si la brecha efectivamente converge, mantener precios en dólares sin ajustar se vuelve inasumible para el consumidor promedio.
Reglas según el nivel de brecha
Si la brecha se ubica por debajo del 20%, puede ser un buen momento para cubrirse comprando dólares por las vías disponibles: mesas de cambio de la banca y mercado paralelo.
Si la brecha se ubica por encima del 20%, la estrategia ganadora cambia hacia la compra de inventario o el adelanto de gastos, en lugar de acumular dólares.
Adicionalmente, con los repuntes de devaluación oficial que estamos viendo, incluyendo variaciones semanales por encima del 8%, la regla es clara: no dejar bolívares ociosos en caja.
Hay que maximizar su uso pagando las cuentas hoy, si se cuenta con el efectivo disponible, en lugar de postergarlo para mañana, cuando ese mismo monto rendirá menos.
Conclusiones
Más allá de la foto macro y de la brecha cambiaria a la baja, que sin duda da un respiro financiero, el verdadero partido se juega en el día a día del mercado.
Los movimientos financieros son herramientas clave, pero deben ir acompañados de una estrategia comercial que no se puede perder de vista.
Para no perder el rumbo en este nuevo escenario, hay cuatro frentes que exigen seguimiento milimétrico.
Control de precios inteligente: ya no basta con cubrir costos; hay que defender el margen sin quedar fuera del mercado.
Monitoreo del competidor: seguir de cerca sus movimientos y políticas de precios en tiempo real para reaccionar antes de que sea tarde.
Comportamiento del consumidor: entender qué está buscando hoy un cliente que cambia de hábitos constantemente.
Sintonía fina por sector: cortar con las generalizaciones. El éxito depende de hacer distinciones quirúrgicas, analizando cada sector y cada producto por separado.
Nota de atribución: este artículo de opinión es de Asdrúbal Oliveros y se publica en el blog de Finve con fines informativos.
Nota editorial: Este contenido tiene fines informativos y educativos. No constituye una recomendación personalizada de inversión ni una oferta de compra o venta de valores. Cada lector debe evaluar su contexto, revisar la información disponible y consultar con asesores autorizados antes de tomar decisiones financieras.